jueves, 27 de febrero de 2014

Febrero 2014. La ladrona de libros.

"A menudo deseo que todo esto acabe, Liesel, pero entonces, no sé cómo, pasa algo... tú bajas al sótano con un muñeco de nieve en las manos".

Hola a todos, espero que estéis bien. Como seguramente hayáis observado, este mes se me ha echado el tiempo un poco encima a la hora de actualizar el blog pero es que febrero... ha sido mucho febrero. Al interminable trajín de los exámenes se suma otro que, para los estudiantes de 5º, lleva siendo tema de conversación casi un mes: la elección de academia. ¿Academia para qué, os estaréis preguntando? ¡Ay, criaturitas, pues para el MIR! Ese examen de 235 preguntas que en 1º te parece lo más lejano del mundo, algo que sufren otros, pero que en 5º te acecha a cada minuto del día.
Además este mes he tenido una regresión a mi más tierna adolescencia, si no infancia. Seguro que ahora esperáis que haga un comentario precioso e incluso filosófico sobre la vida y sobre madurar (o sobre no hacerlo, que también hay casos). Pues no. Es mucho más simple que todo eso: se me ha roto el móvil. A priori puede parecer un tema algo frívolo y lo cierto es que sí, lo es; sin embargo, me ha hecho vivir en el caos absoluto durante varias semanas. Por citar un ejemplo os diré que me quedé con un libro de la biblioteca de la universidad casi 10 días más de lo permitido porque el aviso de finalización del préstamo te lo mandan (¿lo adivináis?) vía sms al móvil. La nota positiva es que he tenido algo más de tiempo libre. Tiempo que, entre otras cosas, he utilizado para leer.

Este mes me he permitido el lujo de empezar la entrada con una frase del libro escogido, La ladrona de libros. Podría haber elegido muchas otras pero me he decantado por esta porque, sin profundizar demasiado en la trama, es un buen resumen de lo que en ella ocurre.

A diferencia de lo que sucedía en Jane Eyre, el contexto histórico-social del autor no coincide en absoluto con el contexto de su novela. Markus Zusak, nacido en 1975 en Sidney, Australia, publicó La ladrona de libros en 2005, obteniendo desde entonces numerosos premios. Por hacer un poco de memoria (poca, que el 2005 nos pilla todavía cerca) en ese año la gripe aviar nos tenía a todos bastante histéricos, el huracán Katrina devastó la costa de Nueva Orleans, Merkel se convirtió en la primera canciller alemana y Amenábar ganó su primer Oscar gracias a Mar adentro.
Sin embargo, la vida que le tocó vivir a Liesel Meminger (protagonista de la novela) fue muy distinta: la acción comienza en enero de 1939 en Himmelstrasse, un pequeño pueblo cercano a Múnich, en la Alemania previa a la Segunda Guerra Mundial, con Hitler y su poderosísimo partido como telón de fondo.

La novela está dividida en diez partes, compuestas a su vez de varios capítulos y está contada por un narrador muy especial que nos guiará (con cierto cinismo e ironía, todo hay que decirlo) por la vida de Liesel Meminger, una niña de 10 años que, de la noche a la mañana, ve como todo su mundo se desmorona y cambia para siempre.

Liesel llega a Himmeltrasse tras un desgraciado viaje en tren en el que verá morir a su hermano y desaparecer a su madre. Allí la esperan los Hubermann, quienes habrán de convertirse en sus padres adoptivos. Por un lado, Hans Hubermann, dulce y sensible, será el que más rápidamente se gane el cariño y la admiración de la pequeña; por otro, la férrea Rosa Hubermann quien, pese a tener un carácter más tosco y desagradable que su marido, demostrará la misma bondad y coraje que él.

Aunque la vida de Liesel en Himmeltrasse no va a empezar con demasiado muy buen pie, poco a poco irá haciendo nuevos amigos (mención aparte merece el personaje de Rudy Steiner) y aumentando su confianza en sí misma, en gran medida gracias a su padre, quien le enseñará a leer. Llamadme romántica, pero el amor que Liesel empieza a manifestar por la lectura y las palabras se convierte para ella en una perpetua llama de luz, luz con la que no sólo iluminará a los demás sino con la que combatirá la potente y asfixiante oscuridad que se respiraba en la Alemania de 1939.

En un momento dado de la novela, casi rompiendo con todo lo anterior, la acción se traslada a Stuttgart, mostrándonos la Kristallnacht, La Noche de los Cristales Rotos. Max Vanderburg es un judío que, gracias a un amigo de la infancia (ahora militante del partido nazi), logra salvar milagrosamente la vida y esconderse. Meses después, y bajo una identidad falsa, Max consigue llegar a Himmeltrasse, donde se convertirá en poco menos que una sombra del sótano de los Hubermann. Enfermo, famélico, deprimido, sin ganas de vivir dominado por la culpa de haber dejado a su familia en Stuttgart, parece cuestión de tiempo que sucumba a la muerte. Será justamente Liesel la que con su luz ilumine la penosa existencia y atormentada alma de Max, hasta hacerle brillar con luz propia. A partir de ese momento la relación entre Liesel y Max les hará crecer personal y culturalmente de una forma totalmente insospechada, tanto para ellos, como para el lector.

Del argumento, no puedo contaros mucho más porque os destriparía grandes momentos que merecen ser descubiertos durante la lectura. Paso a hablar brevemente de los personajes principales:

- Liesel Meminger: protagonista indiscutible de la novela y de su vida (puede sonar evidente pero, honradamente, ¿cuántos podemos decir algo así?). Simboliza todo lo potencialmente simbolizable: la bondad, la nobleza, el coraje, el sacrificio, el amor. Todo. No os he exagerado cuando antes, comentando el argumento, os he dicho que Liesel es luz, toda ella es una gran estrella.
Es importante destacar la evolución tan marcada que sufre el personaje a lo largo de toda la novela: cuando conocemos a Liesel es una niña asustada que acaba de perder todo lo que la es querido y conocido, al despedirnos de ella, lo hacemos con cariño, respeto y admiración.

- Max Vanderburg: pese a no ser el héroe de la novela (digamos que es tan sólo un semihéroe), sí es mi favorito. Presentando también una importante crisis, creo que es el personaje más completo y más complejo, además de ser el más creíble, o al menos uno de los que más. Es interesante ver cómo cambia durante la obra, no sólo físicamente (donde los cambios son evidentes) sino, sobre todo, psicológicamente. En la primera parte de la novela, simboliza la culpa, la denominada "culpa del superviviente" y la consiguiente expiación que se autoimpone (en su caso, malvivir en un mínimo sótano). En la segunda parte, al igual que Liesel, simboliza la lucha, la resistencia, el deseo y la convicción de defender unos ideales justos por encima de todo, incluso aunque eso te cueste la vida.
Supongo que a estas alturas ya lo habréis adivinado, pero la frase que he escogido es de Max.

- Los Hubermann: como ya he comentado, en un primer momento pueden parecer un matrimonio demasiado diferente entre sí, incluso mal avenido. Sin embargo, conforme vas conociéndolos, te das cuenta de que Hans y Rosa, Rosa y Hans, no son tan distintos. Ambos resisten, ambos ayudan, ambos luchan. Uno lo hace por motivos algo más sentimentales, otro por motivos más racionales, pero ahí están los dos, jugándose sus trabajos, su casa e incluso su vida por salvar la de otro ser humano.

- Rudy Steiner: pone la nota cómica a la novela, lo cual le hace ser un personaje tremendamente necesario. Es el mejor amigo de Liesel pero, como todo el mundo sabe (Liesel incluida), está enamorado de ella desde el primer momento en el que la vio en el que, por cierto, ya os lo adelanto, ganó Liesel. Quizá es el personaje que menos cambia a lo largo de toda la novela, pero en realidad no le hace falta; representa la inocencia y la bondad, valores que nunca están de más pero que, desgraciadamente, tal y como pasara en 1939, muchas personas se empeñan en despreciar.

- El narrador: es muy difícil hablar de este "personaje" sin deciros de antemano quién es. Si estáis pensando en leer esta novela os daré un consejo: no leáis la contraportada antes de hacerlo. Puede que yo sea algo torpe pero, sin haberla leído previamente, no supe a ciencia cierta quién era el narrador hasta la página 244 (creo que tiene unas 580), es decir, hasta prácticamente la mitad del libro.
Es el narrador porque tiene que serlo, porque ningún otro hubiese podido hacerlo, porque estuvo allí, porque estuvo aquí, porque ha visto lo peor pero también lo mejor del ser humano.


Sobre la película, estrenada en enero de este año, simplemente añadir que es preciosa, fiel, tierna y diferente. Incluso para aquellos que estéis saturados o directamente hartos del tema de la Segunda Guerra Mundial, os recomendaría que la vieseis. No defrauda, merece mucho la pena.



Espero que os haya gustado el análisis. ¡Hasta el mes que viene!