martes, 14 de diciembre de 2010

Diversiones varias

Hoy mi entrada va a ser muy corta; ese examen de Histología del que hablé hace más de 24 horas sigue en el mismo estado en el que estaba ayer, así que no debo entretenerme.

Simplemente, antes de decir adiós, añadiré una cosa:

Sorprendente el poder del subconsciente y las veces y formas en las que éste nos traiciona


lunes, 13 de diciembre de 2010

Vacaciones

Antes de que os pongáis a despotricar por la injusticia de la vida al leer el título de esta entrada os diré que no, por desgracia aún no estoy de vacaciones. De hecho me quedan aún 10 placenteros días de clase entre los cuales, además de no sé cuántas prácticas, se encuentra un fabuloso examen de Histología para el cual, por cierto, todo sea dicho, aún no he empezado a estudiar en serio. Pero bueno, no pasa nada, la vida es injusta, eso ya lo sabemos todos.

Lo cierto es que el título de mi entrada vuelve a coincidir con una película que vi ayer por la noche (diréis que últimamente hablo mucho de cine pero, en confianza, ¿qué mejor manera hay de evadirse que una buena película?).

La verdad es que la película se llama The Holiday no porque el espectador deba prestar excesiva atención a las vacaciones de sus protagonistas sino porque éstas representan el eje fundamental de las cuatro historias (dos si queremos ser completamente puros) que aquí se relatan.
Probablemente, sobre todo al ver el cartel, estaréis pensando "no te enrolles es la típica película de amor navideña". Bueno, para los que penséis eso os diré que tenéis parte de razón. Y digo parte porque sí, qué le vamos a hacer, soy una romántica empedernida, soy así y sí, la película es romántica y navideña; por otra parte, además de que la película romántico-navideña por excelencia es Love Actually (lo siento pero es así), os diré que ésta, The Holiday, tiene su cierta magia.

Realmente no voy a mentiros, empecé a verla porque no había mucho más que ver en la televisión, pero ésta es una de esas películas que van conquistándote poco a poco. La historia gira alrededor de cuatro personajes: Amanda (Cameron Diaz), Iris (una fabulosa Kate Winslet), Graham (Jude Law, un hombre que desde Gattaca me tiene loca) y Miles (Jack Black).

Como es habitual en mí no hablaré del argumento porque si no os quitaría la incertidumbre y dudo mucho que alguien se animase a verla, sin embargo sí hay un aspecto sobre el que quiero hacer especial mención: el personaje de Iris. Ya he comentado antes lo fabulosa que está Kate Winslet en este papel pero quizá es que mi objetividad se ve mermada al verme tan claramente reflejada en su personaje. Y cuando digo reflejada es reflejada. En todo, sobre todo en cómo es su vida amorosa y sentimental al comienzo de la película. Por la forma en que, de reojo y preocupada, me miraba mi madre diría que ella también lo notó. No soy de las que suela creer en las casualidades pero reconozco que aquí se dieron muchas. Diría incluso que su ex, Jasper, se parece notablemente al mío, sobre todo en su forma de comportarse, en su tira y afloja constante...

En general esta es una película que habla de -y cito- "algo tan simple y tan complejo, tan vulgar y tan extraordinario, tan dulce y tan amargo, como el amor".

jueves, 9 de diciembre de 2010

De aviones, controladores y políticos

Tras un puente que, por causas académicas (no vayan a pensar que yo también me ausento de mi puesto cuando quiero, no), me ha permitido descansar durante 7 maravillosos días, vuelvo al trajín de la Facultad. Aunque, la verdad, hoy hay más bien poco.

Normalmente soy la primera en llegar (a excepción de los conserjes, claro) por aquello de que, aunque conduzca yo, dependo de horarios laborales paternos. Esto me permite tener mucho tiempo para pensar y escribir (aunque lo cierto es que, ahora mismo, tendría que estar pensando y escribiendo un trabajo de Psicología sobre la mala praxis médica).
Durante todo este largo fin de semana he preferido no escribir aquí acerca de todo lo que estaba pasando. Pero creo que ya toca.

En primer lugar desde aquí, aunque no sirva de mucho, quiero decirles a todos aquellos que no han podido ir a ver a sus familias, a todos los que llevaban ahorrando un año entero para irse de viaje en este puente, a todos los que no han podido ir ni a bodas, ni a bautizos, ni a entierros, y a esa pareja que casi ve truncada su propia boda que lo siento mucho. Y lo digo desde aquí porque todavía no he oído que nadie les pida perdón a ellos, los que verdaderamente lo merecen.

En segundo lugar a todos esos controladores que han destrozado (podría escribirlo en mayúsculas pero creo que todos entendemos la magnitud que estos días ha tenido esa palabra) las ilusiones de tanta gente deciros que no valéis ni para ser un cero a la izquierda. ¿Cuánto decís que es vuestro "pobre" salario? Hasta 970.000 euros he llegado a leer por ahí. Patético. Lo vuestro es realmente vergonzoso. Hay gente que se ha dejado todo el sueldo de un año (y éste, a diferencia del vuestro, sí que es bajo) en ese viaje que VOSOTROS no le habéis dejado hacer. Lo dicho, vergonzoso.

Y entonces llegamos a la actuación del gobierno. Más allá del signo político que tenga cada uno, de lo bien o no que a cada uno le parezca este estado de alarma en el que estamos sumidos (ojo, que estamos viviendo un momento histórico) está claro que, últimamente, al gobierno le crecen los enanos por todas partes, cuando no es por un sitio es por otro.

Veremos cómo termina toda esta situación pero de momento decir que espero que esto no acabe aquí y que dentro de un año no recordemos el día 3 de diciembre de 2010 únicamente como el día en el que en Barajas, el Prat y demás aeropuertos hubo tantas colas para poder volar.

Que tengáis un buen día.

La amistad

El lunes por la noche vi una película titulada "Mi mejor amigo" (esta imagen es un fotograma de dicha película). Por si acaso alguno ha reconocido a los actores protagonistas, sí, es una película francesa. Desde aquí, por cierto, quiero defender el cine francés ya que cuenta con una sensibilidad, sencillez y ternura que pocas veces se ven en el cine actual.

Pero vayamos a lo que vamos. Esta película habla, en un tono tragicómico, de un asunto increíblemente importante: la amistad.
François, un marchante de arte, busca (con bastante desesperación) a alguien que, de la noche a la mañana, se convierta en su mejor amigo para así ganar una apuesta que ha hecho con su socia, Catherine. Durante el proceso conoce a un simpático taxista llamado Bruno, quien le ayudará a parecer más simpático y agradable ante los demás para conseguir así hacer amigos fácilmente.
Curiosamente, en el desarrollo de la película el espectador observa cómo François y Bruno se van haciendo buenos amigos.
Como en toda historia, claro, debe haber un nudo y en el film éste está representado por una traición que François acomete contra Bruno.
Sin querer revelar qué y cómo se llega al desenlace de la película, sí diré que el final resulta simpático, agradable, feliz.

Al terminar de verla, además de recordar una de las últimas entradas de Carlos, tuve un momento de reflexión: Las películas, claro, siempre pretenden sacarnos una sonrisa cuanto más ancha mejor y consiguen hacernos creer y soñar con cosas que, en la vida real, serían bastante difíciles de lograr (Titanic es una de mis películas favoritas pero, ¿realmente en abril de 1912 el mundo era ya tan liberal como para que una diferencia de clase tan acusada no fuese barrera para el amor de Jack y Rose? Lo dudo mucho.).

Al ver la película, la traición de François a Bruno te duele en lo más profundo del alma porque el personaje de Bruno se hace querer desde las primeras escenas.
Entonces desperté de mi reflexión, volví a la vida real y me sentí como Bruno (creo que no hace falta escribir la palabra traicionada, ya saben, suena muy fuerte), con la diferencia, claro, de que yo no soy actriz, ni protagonizo ninguna película (por más que, como ya relaté en su día, viviese un momento "Trumaniano").

Y, de repente, en la oscuridad de mi habitación, tumbada en mi cama, empecé a reírme: acababa de recordar a los buitres de El Libro de la Selva (¡qué gran película!) y su canción.





"Amistaaaaaaad, amistaaaaad, amistad es lo principaaaaal"

domingo, 5 de diciembre de 2010

Y para el 2011... ¡póngame un poco de todo!

Ayer, paseando por un centro comercial tras un intento frustrado y fallido de jugar a los bolos, vimos un curioso escaparate. Normalmente no me habría parado a mirarlo (básicamente porque la ropa que venden resulta excesivamente cara para una estudiante) pero ayer algo captó mi atención:
Como decoración navideña habían llenado el escaparate de post it amarillos con propósitos que la gente tenía para el Año Nuevo.
La verdad es que había deseos de todo tipo: desde los típicos "dejar de fumar" o "aprender idiomas", pasando por los humorísticos ("follar más", "dejar de dar patadas al diccionario") hasta los más estrambóticos ("querer más a mi novia").



Nadie podrá decir que no era una decoración original. Cansados de los ochocientos árboles, luces y Nacimientos que adornan cada centímetro de la calle, la verdad es que resulta alentador que alguien tenga la imaginación de hacer algo así. Ya podría aplicarse el cuento nuestro alcalde...

Como la idea me gustó tanto, esta tarde me he puesto a buscar imágenes de post it en el Google, y he encontrado estos. Venían con unas cuantas notas escritas así que borré el texto original y añadí mis propios propósitos para el 2011.

Reconozco que algunos son bastante convencionales, como el de ser feliz, mejor persona o enamorarme. Pero es que realmente aspiro a ello, a cada una de esas tres cosas.
Otros son más personales, como lo de hacer las paces con el violín... La verdad es que llevo tanto sin abrir el estuche que lo mismo cuando lo abra me encuentro una capa de moho. Bueno no, eso ha sonado muy exagerado, pero lo cierto es que debería darle una segunda oportunidad... Al fin y al cabo lleva prácticamente dos tercios de mi vida formando parte de mí.
Respecto a los viajes, hace mucho tiempo que quiero conocer y recorrer Europa, sobre todo París, pero al final, por unas cosas o por otras, nunca lo consigo. Así que este año me he propuesto ir, como mínimo, a una de esas ciudades (lo cual nos lleva sin remedio al propósito de pasar limpia a 3º para tener libre el verano).


Nunca he creído excesivamente en las supersticiones que envuelven a la última noche del año: llevar ropa interior roja, quemar un papel donde, anteriormente, hayamos escrito nuestros propósitos, dormir con no sé cuántas piedras debajo de la almohada... No. Ninguno de estos propósitos se cumplirá porque queme un papel ni porque duerma con un tanga rojo en la cabeza. Cada uno crea su destino, así que, una vez encontrados los deseos a cumplir, sólo queda un único propósito que lograr: conseguir llevarlos todos a cabo.


Oficialmente, ¡Feliz Navidad!

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El karma

Siempre me había preguntado si existía o no el karma. Hasta hace bien poco solía llegar a la rotunda conclusión de que no, no existía (¿cómo podía existir?).

Sin embargo acontecimientos recientes (algunos más recientes que otros) han hecho que empiece a replantearme fuertemente la cuestión. ¿Es sólo mera casualidad la forma en la que se desarrollan dichos acontecimientos, o responden a un patrón previamente creado, realizado, acordado? Aún más: ¿es el karma algo general y universal o, por el contrario, cada uno crea el suyo convirtiéndolo en algo puramente individual?


La verdad es que en su momento éstas me parecieron preguntas bastante complicadas de contestar, la metafísica no es lo mío.
Fue entonces cuando decidí simplificar el tema. Me explico, tomemos como ejemplo estas matrioskas. A simple vista son unas matrioskas normales y corrientes, más bonitas, más feas, más altas, más bajas, más trabajadas o más cutres pero, al fin y al cabo, matrioskas.
Sabemos, además, por la varias veces citada psicología, que todos los seres humanos tenemos las mismas emociones en lo que Freud y Jung denominaron "inconsciente colectivo".
Pero seguro que si cada uno de nosotros se pusiera a pensar en las sensaciones que le produce la foto, encontraríamos notables diferencias según quién la observase.

El karma es definido como la energía metafísica (invisible e inmensurable) que se deriva de los actos de las personas.
En mi caso, estas matrioskas simbolizan un hecho sumamente descorazonador (en todos los sentidos de la palabra), sin embargo para otra persona quizá simbolicen la bondad o, por qué no, el amor.

Tras esto, en su momento (puesto que hace bastante que vi estas matrioskas por primera vez), llegué a varias conclusiones:
La primera es que el karma existe, y existe en toda su plenitud: K-A-R-M-A, queramos verlo o no.
La segunda es que es puramente individual. El karma que uno genera a su alrededor, es el que recibe y encuentra.
Y la tercera (trayendo a colación las sabias palabras de Carol, una sansebastianense con mucho cerebro), "cuidado con el karma, que tiene efecto rebote."


Sin más, recordad que hoy es el Día Mundial de la lucha Contra el Sida.


martes, 30 de noviembre de 2010

De IDEALES y PRINCIPIOS

En mi última entrada, al no tener claro cómo me sentía, decidí plasmar mis sentimientos mediante el color y el dibujo. Pues bien, hoy no lo necesito. Estoy muy enfadada. Pero mucho. Hacía tiempo que no sentía tanta rabia e incluso (sin que se me malinterprete) ira por algo.

Ni siquiera sé por dónde empezar, pero dado que he titulado a esta entrada "De IDEALES y PRINCIPIOS" hablaré de ellos, de ideales y principios, o de la total ausencia de éstos.

Señores... ¿QUÉ LE ESTÁ PASANDO AL MUNDO? Y no, no se engañen, ni miren hacia otro lado. Ni siquiera culpen a los políticos, no hablo de crisis, ni de calentamiento global, ni de los llamados "objetivos del milenio". No. Hablo de algo mucho más básico. Algo que quizá (sólo quizá, pero un quizá grande)  nos permitiría alcanzar, como poco, esos objetivos.

Ideal.
(Del lat. ideālis).
m.pl. Conjunto de ideas o de creencias de alguien. (Siempre luchó por sus ideales.)

Principio.
(Del lat. principĭum).
m. Norma o idea fundamental que rige el pensamiento o la conducta. [Usado normalmente en plural, 'principios']


Vuelvo a mi querida RAE para definir estos conceptos porque parece ser (al menos eso se observa, si es que se quiere mirar, claro) que muchos los han olvidado o, peor aún, nunca los han conocido.
No me considero una persona radical pero, repito, ¿qué le está pasando al mundo? Tal vez es que yo sea demasiado intransigente en este punto pero ¿dónde están quedando los ideales? ¿Dónde está quedando el espíritu de equipo y de lucha (ojo, NO armada) en lo que uno cree?


Me siento defraudada. Sí, sé que suena muy fuerte, pero así es. Ya nadie cree en los principios, ni en las ideas, ni en los ideales; y lo que es más grave, ya nadie los defiende. Es más, cuando alguien osa hacerlo se le considera "el bicho raro".

Sin dar nombres, que ya sabemos que luego todo se filtra (y sobre esto último a buen entendedor con pocas palabras basta), diré que me parece bochornoso y vomitivo la forma en la que mi clase (y, como colectivo, debo incluirme) se está dejando, permitidme y perdonadme la expresión, "porcular".
Quizá yo esté loca pero en mi mente todavía sigue vivo eso de 'Mejor morir de pie que vivir arrodillado'. Muchas personas (y ojo, MUCHAS) dieron su vida para intentar que todos los seres humanos gozásemos de algo de libertad. Cortar nosotros mismos esa libertad me parece una muy pobre forma de agradecérselo así como una forma de reirnos de las personas que, por desgracia, aún hoy mueren por conseguirla.

Al final no haremos nada, ya lo sé. Todo seguirá como hasta hoy o incluso peor. Mañana la votación será mayoritariamente NO, y es que ya se sabe que en estos temas hay dos tipos de personas: los que luchan y los que no (que cada uno aplique los adjetivos a cada grupo según estime conveniente).
Pero mientras me quede un aliento de vida defenderé mi libertad y la de los demás porque para mí no hay nada más importante que eso, la LIBERTAD. Libertad para, con respeto y educación, expresar lo que cada uno desee, aunque eso me lleve a ser "la rara".

Para terminar esto únicamente añadiré un par de ideas:
- A esos mamelucos que se ríen y que, incluso en tiempos mejores, siempre se han reído de la intensidad de mis ideales decirles que a mí me educaron en la creencia de que siempre se debe luchar por lo que uno cree. Me compadezco de los que ni siquiera entienden el por qué de tener ideales.
- Una vez te dejas ultrajar por alguien -aunque sólo sea una vez-, una vez pierdes la dignidad, nada ni nadie (persona o argumento) podrá frenar la destrucción de esa dignidad, la tuya, que un día decidiste autodestruir.



martes, 23 de noviembre de 2010

Revelación


Por alguna extraña razón hoy he preferido expresarme con un dibujo. No sé qué significa así que no tratéis de encontrarle un sentido porque ni yo misma lo he conseguido, puede que ni lo tenga.

Aún así, debo confesar que he tenido una revelación, la cual, por cierto, puede servir como contestación bloguera a aquéllas entradas acerca del Arte.
Como violinista pero sobre todo como persona que disfruta con el arte (el ARTE en mayúsculas), normalmente no tengo en muy buena estima al contemporáneo (en cualquiera de sus facetas, desde la música hasta la arquitectura).
Mi tío, que es pintor, siempre me decía "lo importante en esas obras es imaginar por qué el autor las creó, imaginar sus emociones al crearlas". Nunca le di excesivo crédito a ese argumento.
Creo que le debo una disculpa al arte contemporáneo.

Sobre la risa

Hoy me ha pasado algo gracioso. Muy gracioso. De estas cosas que consiguen hacerte reír. Y ríes, y ríes, y vuelves a reír. Y sigues riendo. Y no sabes cuándo vas a poder parar. Miras a tu alrededor, a los demás, y ves esa risa, la tuya, en su cara y entonces ya sí que no paras. Y sigues riendo. Y, de pronto, todo se resume en eso: reír.





Lo más gracioso del caso es que la cosa ni siquiera tenía gracia. Ya ves tú, unas lentejas metidas en un termo metálico (muy mono él, sí), pero nada del otro mundo, un termo entre miles de termos, y un grito en mitad de la cafetería, aparentemente algo simple. Aparentemente.

Después del comentario de ayer de Carlos y de la posterior conversación derivada de éste me dio por reflexionar. Y entonces tuve miedo. ¡Sí, miedo! Miedo de parecer un ser frío, pragmático y calculador (aún más: de convertirme en él), miedo de no volver a ser plenamente feliz únicamente por esta cuasi "dementorial" apatía; así que decidí que, simplemente, me dejaría llevar. No es una tarea fácil, llevo tiempo sin ponerla en práctica (demasiado, tal vez), pero lo intentaré, la sonrisa de hoy puede con todo (o al menos con todo lo que no pudo ayer).


Me despido ya, mi "tusito ronroneador" (una de mis gatitas) ha venido a decirme que me acueste

domingo, 21 de noviembre de 2010

Sobre los sueños

Siempre me he preguntado de qué materia están hechos los sueños, ¿son sólo nuestros más profundos anhelos o son algo más? Pese a estar casi convencida de que la primera respuesta es correcta, diría que no es (ni mucho menos) la única.

En los últimos años la ciencia ha avanzado a pasos de gigante; el hombre ha conseguido, gracias a ella, explicar muchos procesos biológicos, químicos y físicos, sin embargo aún hoy no sabemos ni qué son los sueños ni por qué los necesitamos. Sí, no pongáis esa cara de sorpresa, los necesitamos.

Hace tiempo leí que al dormir la frecuencia de nuestras ondas cerebrales baja, convirtiendo a éstas en ondas diferentes (pasamos de estar en la frecuencia de las ondas beta a estar en la de las ondas theta), lo que nos permite entrar en un estado de sueño profundo. En este estado nuestra relajación es máxima, con lo que se consigue la comunicación entre las distintas áreas cerebrales (tanto físicas como psíquicas). Y es justamente aquí dónde podemos determinar qué son los sueños:
No son ni más ni menos que la traducción en imágenes de las alegrías, tristezas, preocupaciones, ansias o miedos de nuestro subconsciente. Todo lo que no somos capaces de explicar y expresar por nosotros mismos, somos capaces de vivirlo. Es una especie de realidad paralela. Mi sueño de hoy (así como el de otros días) no hace sino corroborar esta teoría.

Es por esta razón por la cual (retomo lo dicho anteriormente) necesitamos soñar. Los sueños no sólo son una fabulosa vía de escape de energía (una energía que aún no ha sido clasificada) sino que además nos permiten saber, en muchos momentos, qué es lo que necesitamos en la vida y, con suerte, conocer cómo conseguirlo.

Soy afortunada por poder soñar. Y aún más de recordar lo que sueño.
Hoy he despertado.


lunes, 15 de noviembre de 2010

Sobre música y matemáticas

Me encantan los puzzles. Siempre me han gustado. Tengo dos empezados: Las Meninas (un regalo para mi madre, forofa de este cuadro) y La última cena, de Leonardo. Este último es un regalo para mí, para la casa, para los ojos en definitiva. 
Siempre que hago uno me sorprende la perfecta armonía que, finalmente, logras ver al unir toda esa marabunta de piezas. En cierto modo es como la vida, pequeños fragmentos de color, de luz, de sombra, de sonrisas y lágrimas que acaban convergiendo en una única imagen: TÚ.

Recuerdo como de pequeña (cuando hacía puzzles de La Cenicienta o Blancanieves, mal que le pese a Bibiana Aído) mi madre se extrañaba cuando yo decía esta pieza va aquí. Recuerdo también como ella preguntaba ¿cómo lo sabes? A lo que yo - perdonad la presunción - le respondía no lo sé, pero va ahí...

Pensándolo desde una perspectiva adulta, me parece evidente (por mucho que muchas personas lo consideren motivo de burla) que la memoria visual jugaba un papel muy determinante en mi respuesta.
Pero ahora, en este mismo instante, me ha venido a la mente una explicación mucho más matemática, aunque no por ello menos artística. La verdad es que tengo que reconocer (aún a riesgo de parecer cateta) que no me gustan excesivamente los números, me parece un mundo completamente abstracto para el cual mi mente no está aún preparada. Sin embargo, desde hace años hay un número que ronda mi cabeza: 1,61803398874989484820458683..., el número aureo. 

La primera vez que oí hablar de este número no fue en una clase de números irracionales del instituto, como cabría esperar, sino en el Conservatorio. 
Las clases de armonía me resultaban amenas, no tanto por la materia impartida sino por los compañeros que tenía (unos máquinas en casi todos los sentidos). 
Ese día nos tocó analizar una sonata de Mozart (siento no poder decir con exactitud cuál, sería muy ilustrativo). Recuerdo como Sonia nos pidió que cada uno intentase averiguar el punto culminante de la obra. No era algo excesivamente difícil: tres páginas de sonata; tónica, dominante, tónica.

Como sin duda ella había previsto de antemano, todos acertamos. La sorpresa vino después, cuando observamos como esa nota (puede que fuera un Sol), la nota culminante de la sonata, se regía por las leyes del número aureo. Recuerdo mi cara. Me pareció asombroso.
Sin embargo, aún quedaba otra sorpresa más (ahora los que nos anticipamos fuimos nosotros): Mozart fue un adelantado en muchas cosas pero parecía evidente que no era casualidad que ese Sol estuviese donde estaba, por lo que lo lógico era pensar que no había sido el único compositor que había realizado tal hazaña. Beethoven, Chopin, Haendel, Haydn, todos los Grandes Maestros habían sucumbido a las matemáticas...
Yo adoro la música y más la clásica pero si hay alguien en la historia que merezca ser reconocido como (permitidme la osadía) "Gran Maestre", ese es Leonardo. ¿Qué decir de su Hombre de Vitruvio? Es algo que no puede explicarse, simplemente se ve, se palpa, se disfruta...

Esto nos lleva de nuevo y a modo de conclusión a mi primera divagación: el por qué de mi respuesta.
Quizá sea esa: quizá los puzzles sean pequeñas imágenes en las que, como en la vida en la que todo (la cara, el fémur respecto al cuerpo, el tamaño del corazón respecto al mediastino), todo, se base en proporciones perfectas representadas por el perfecto y misterioso número aureo.




Pd: Anónimo, gracias por tus palabras =)

viernes, 12 de noviembre de 2010

Sobre el tiempo (contestación)

2.
¿Realmente ha pasado tanto? Parece que hubiese sido ayer. De hecho, más allá del típico tópico, lo recuerdo como si hubiese sido ayer.
Recuerdo, además, las cosas mas banales: mi jersey amarillo, como en la canción de Hombres G, mi camisa (blanca, que no negra), mis vaqueros, mis deportivas y mis pendientes blancos, esos que pegan con todo...


Pero sí, realmente ha pasado tanto. Y es que el tiempo está ahí. Pasando. Como siempre.
Creación humana o no, el tiempo nos sirve para cuantificar: "¿Qué tiempo tiene? 20 meses", "Tengo 3 días para hacer el dichoso trabajo", "Mañana mi madre cumple tantos años".
En cierto modo Carlos tiene razón cuando dice que un reloj puede ser una pesada cadena, pero la existencia humana se basa en esa cadena.

Pensemos en varios ejemplos:
- El tiempo según la Historia:
Prehistoria (hasta el 3000 a.C.)
Edad Antigua (3000 a.C. - 475 d.C.)
Edad Media (475 - 1492)
Edad Moderna (1492 - 1789)
Edad Contemporánea (1789 - nuestros días)

- El tiempo según el Arte (desde la Edad Media):
Románico (siglos XI y XII)
Gótico (siglo XIII)
Renacimiento (siglos XIV y XV)
Barroco (siglos XVI y XVII)
Neoclasicismo (siglo XVIII)
Romanticismo (siglo XIX)
Contemporáneo (siglo XX y XXI)

En ambos el tiempo es el factor clasificador y, si me permitís, condicionante. Referido al arte, en el siglo XIX lo predominante era el Romanticismo (pintura, música, escultura, literatura). ¿Debemos deducir y asegurar que todo el mundo era realmente romántico? No, lo dudo. Simplemente era lo que se llevaba, era una cuestión de época, de tiempo, de "estar y vivir en tu tiempo".

Pablo me dijo que quizá yo aportase algo de cordura a este hermanamiento. Creo que la palabra no es cordura. Puede incluso que esté actuando como abogado del diablo en este razonamiento, pero es algo simple: el hombre necesita el tiempo únicamente por su (ciertamente patológica) necesidad de controlar todo su entorno.
Le ponemos tiempo a la educación (6 años de primaria, 4 de secundaria, 2 de bachiller), le ponemos tiempo a la comida (coceremos estas lentejas durante 60 minutos a fuego lento), le ponemos tiempo al amor, le ponemos tiempo a todo. Incluso a lo que no tendría que tenerlo.

Y para mí la razón es clara, simple y evidente: el ser humano concibe y ha concebido siempre (básicamente por su condición - y por la del resto de seres con los que comparte espacio - de mortal) un mundo finito. Completamente finito. Y nada es finito cuando no hay unidad con la que medir.

jueves, 11 de noviembre de 2010

De bandas sonoras y locuras



Voy sentada.
Llego a mi destino.
Toco el timbre.
Me bajo del autobús.
Un débil rayo de sol me ciega, momentáneamente, el ojo izquierdo.
En la radio suena Green Day, Wake me up when september ends.
Y pienso... no podía haber mejor canción para ilustrar este momento. Y es que, en verdad, cada momento de la vida tiene su propia banda sonora.






La tarareo durante unos instantes tan concentrada que ni me doy cuenta de que el pobre repartidor lleva parado unos segundos en el paso de cebra, instándome a cruzar. Se lo agradezco levemente y entonces vuelvo a pensar, qué cómica ha debido ser para él la situación.
Quizá esté perdiendo la cabeza, pero lo cierto es que, de repente, me he sentido en una especie de show de Truman.
Realmente, pensándolo bien, puede que no sea ninguna locura pensar algo así. Cada día de nuestra vida cada uno de nosotros vemos y somos vistos por personas a las que ni conocemos: en la calle, en el tren, en el súper, en el atasco camino del trabajo... Nos convertimos en algo parecido al Gran Hermano (el de Orwell, claro), alguien que todo lo ve. Pero, al mismo tiempo, nos convertimos también en seres observables y observados.
Da casi miedo.

Sólo espero no chocarme ahora con un foco de televisión... Empezaría a delirar.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Sobre psicología y emociones

¡Buenos días por la mañana!

Este año una de mis asignaturas es Psicología y, al contrario que a la mayoría de mis compañeros, no sólo me gusta sino que me parece interesante y útil. Muy útil. Hay una personita de mi clase (bueno, mejor dicho, "perso-naza") que piensa que, en general, a la gente sí le gusta la asignatura pero que, al no ser "cool", fingen odiarla. Yo difiero. Pero vayamos al tema.

Nos están enseñando los distintos tipos de persona que hay. No me refiero a lo típico, altos, bajos, guapos, feos, simpáticos, antipáticos... sino a algo mucho más personal e intransferible. También es importante pensar en los complejos e instintos innatos a cada persona. Normalmente suelo estar de acuerdo con todo lo que nos dice (incluso con lo que no nos dice) pero el otro día no fue exactamente así.

Últimamente estamos hablando de las emociones. Éstas, por lo visto, pertenecen al inconsciente colectivo por lo que, en teoría, todas las emociones existentes están o deberían estar en el inconsciente de cualquier ser humano del planeta (o, quién sabe, del universo). Hasta ahí de acuerdo.
El problema viene ahora. La frase, casi textualmente fue:

"Por tanto si todos tenemos las mismas emociones en el inconsciente, somos bastante parecidos, hasta el punto de sentir las mismas cosas".

El ejemplo para ilustrar este frase fue: si a ti te gusta que te respeten, probablemente al paciente al que estás atendiendo también.
Vale, ese ejemplo, por supuesto no sólo es aceptable sino correcto.
Pero todo esto me ha llevado a una reflexión: ¿qué pasa si extrapolamos eso a cualquier otro ámbito?
Por ejemplo al amor... Según la RAE, definimos el amor como:

1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

Si utilizamos la psicología podemos asegurar que el amor es una emoción que pertenece a todo inconsciente. ¿Pero eso nos permite asegurar que todos lo sientan?

Reflexión 1: ¿Sienten amor las personas que, al ver una desgracia, en la que la gente necesita y anhela cariño miran hacia otro lado?
Reflexión 2: ¿Alguien puede asegurar que cuando una persona siente amor por otra, ésta lo sienta por la primera?

Juzgadlo vosotros mismos pero creo que he encontrado "la horma del zapato" de esta asignatura.



 

martes, 9 de noviembre de 2010

Inauguración

"El quinto planeta era muy extraño. Era el más pequeño de todos. Había apenas lugar para alojar a un farol y un farolero. El principito no lograba explicarse para qué podían servir, en algún lugar del cielo, en un planeta sin casa ni población, un farol y un farolero. Sin embargo, se dijo a sí mismo:
- Tal vez este hombre es absurdo. Sin embargo, es menos absurdo que el rey, que el vanidoso, que el hombre de negocios y que el bebedor. Por lo menos su trabajo tiene sentido. Cuando enciende el farol es como si hiciera nacer una estrella más, o una flor. Cuando apaga el farol, hace dormir a la flor o a la estrella. Es una ocupación muy linda. Es verdaderamente útil porque es linda.

Cuando llegó al planeta saludó respetuosamente al farolero:
- Buenos días. ¿Por qué acabas de apagar el farol?
- Es la consigna - respondió el farolero -. Buenos días.
- ¿Qué es la consigna?
- Apagar el farol. Buenas noches. Y volvió a encenderlo.
- Pero, ¿por qué acabas de encenderlo?
- Es la consigna - respondió el farolero.
- No comprendo - dijo el principito.
- No hay nada que comprender - dijo el farolero -. La consigna es la consigna. Buenos días. Y apagó el farol.
Luego se enjugó la frente con un pañuelo a cuadros rojos.
- Tengo un oficio terrible. Antes era razonable. Apagaba por la mañana y encendía por la noche. Tenía el resto del día para descansar, y el resto de la noche para dormir...
- Y después de esa época, ¿la consigna cambió?
- La consigna no ha cambiado - dijo el farolero -. ¡Ahí está el drama! De año en año el planeta gira más rápido y la consigna no ha cambiado.
- ¿Entonces? - dijo el principito.
- Entonces, ahora que da una vuelta por minuto, no tengo un segundo de descanso. Enciendo y apago una vez por minuto.
- ¡Qué raro! ¡En tu planeta los días duran un minuto!
- No es raro en absoluto - dijo el farolero -. Hace ya un mes que estamos hablando juntos.
[...]
Y apagó el farol.
Este, se dijo el principito mientras proseguía su viaje hacia más lejos, éste sería despreciado por todos los otros, por el rey, por el vanidoso, por el bebedor, por el hombre de negocios. Sin embargo, es el único que no me parece ridículo. Quizá porque se ocupa de una cosa ajena a sí mismo.
Suspiró nostálgico y se dijo aún:
- Este es el único de quien pude haberme hecho amigo. Pero su planeta es verdaderamente demasiado pequeño. No hay lugar para dos...

El principito no osaba confesarse que añoraba a este bendito planeta, sobre todo, por las mil cuatrocientas puestas de sol, ¡cada veinticuatro horas!"

                                                                                                                     
                                                                                 Antoine de Saint-Exupéry

Verdaderamente el sol puede salir a cada minuto, si lo buscas =)
¡Saludos! Buenas noches